Rosilena Lindo Riggs: Mujer, energía y una transición con rostro humano

 

Mi nombre es Rosilena Lindo Riggs y, desde muy pequeña, tenía claro que quería contribuir al bienestar de la humanidad. A los 8 años, durante unas vacaciones de verano, mi abuela Dioselina y yo conversamos sobre lo que me gustaría hacer cuando fuese mayor. En ese momento soñaba con ser ingeniera para diseñar espacios que permitieran a la humanidad estudiar y generar información para cuidar la naturaleza. Además, desde pequeña anelaba trabajar en Naciones Unidas, en el Canal de Panamá, hablar cuatro idiomas, viajar por el mundo y crear oportunidades para que las mujeres pudiesen ser líderes en todo lo que emprendieran. Agradezco a Dios porque me permitió convertir mis sueños de infancia en realidad.




Mi padre es ingeniero civil, lo influyó ampliamente en mi decisión de estudiar esta carrera en la Universidad Tecnológica de Panamá. Pero fue cuando mi profesor de Hidráulica me comentó sobre la oportunidad de colaborar en la instalación del Nodo NASA en Panamá, que el mundo del sector energético comenzó a acercarse.  Mi primer trabajo en ese proyecto fue leer las Guias de Buenas Prácticas para desarrollar los inventarios de gases de efecto invernadero (GEI) del Panel Intergubernamental de Expertos Sobre Cambio Climático  (IPCC) en Panamá; para posteriormente recopilar la información que permitiese calcular las emisiones del sector energético y del sector agropecuario. Fue en ese instante que me enamoré de la energía, de lo que hace por la economía de los países, cuidades y pueblos, pero también me enamoré de la oportunidad de transformar un modelo de desarrollo que se alimenta de los combustibles fósiles, mientras se generan conocimientos, políticas y tomas de decisiones que impacten la vida de las personas y mejoren la salud del planeta.


Al analizar los datos del sector energético panameño, comprendí que necesitaba otras habilidades, por lo que obtuve becas del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD) e Internationale Weiterbildung und Entwicklung (InWEnt), Política Energética Sostenible en Berlín, así como una maestría en Manejo de Recursos Naturales y Energías Renovables en la Universidad de Ciencias Aplicadas en Alemania. Además, estudié una maestría en Ciencias Ambientales en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí en Mexico. Estas experiencias y la red de colegas construida durante 22 años transformaron mi vida.


Ha sido un trayecto laboral interesante. Luego de regresar de estudiar en Alemania, trabajé en el proyecto de ampliación del Canal de Panamá en temas de control y aseguramiento de la calidad de las superficies hidráulicas de las exclusas del lado Pacífico, y fue una experiencia gratificante poder aplicar directamente los conocimientos ingenieriles, rodeada de un equipo de profesionales de alto nivel, pero sobre todo con una enorme calidez humana. Ahí conocí a uno de mis mentores, el Ing. Samuel Cohen, quien además de enseñarme sobre calidad en las reparaciones de concreto, se convirtió en esa persona que me empujó a regresar a trabajar en los temas que más me apasionan: la energía y el clima. Mientras laboraba en el Canal, llegó la oportunidad de ser directora nacional de cambio climático la antigua autoridad del ambiente, y junto con otro equipo de profesionales con visión, transformamos la antigua Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), en el actual Ministerio de Ambiente e incluimos por primera vez en la ley General de Ambiente tema del cambio climático, con responsabilidades concretas en mitigación y adaptación al cambio climático. Durante cuatro años, junto a un equipo de 34 personas, logramos generar la primera Contribución Nacionalmente Determinada de Panamá, lideramos la Coalición de Países con Bosques Tropicales, y formamos parte del proceso de negociación en tema de bosques y logramos incluirlo en el Acuerdo de París. Además, creamos un entorno que las negociaciones climáticas no fueron solo un tema de ambiente para Panamá, si no un espacio de negociación pensando en la  agenda de desarrollo país con las personas en el centro, dando una voz a nivel internacional a nuestros pueblos originarios.


Posteriormente, formé parte del equipo de Cambio Climático de la Oficina Regional  de América Latina y el Caribe de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA/UNEP), desempeñando el cargo de especialista senior en energía y gerente del proyecto “Desarrollo de mercados de calentamiento solar de agua en Panamá”. Esto me permitió conocer y colaborar a mayor profundidad con la región América Latina y el Caribe (LAC) en  el análisis e implementación de la transición energética, considerando que cada país y cada subregión tiene circunstancias diferentes, y que el diseño de política pública para transitar hacia la descarbonización necesita incluir todas las voces, resaltando las vulnerabilidades particulares de las minorías.


Como parte de mi trabajo en UNEP, para apoyar a los países a construir su camino hacia la transición energética, se organizó un desayuno con todos los representantes del sector energía de los candidatos a la presidencia de la república en el año 2019, para presentarles el impacto de la implementación de la transición energética en el marco del estudio “Carbono Cero América Latina – Una vía para la descarbonización neta de la economía regional para mediados de este siglo”. Nuestro objetivo fue sembrar la semilla en los posibles líderes del sector energético para que avanzaran rápidamente en la creación de las condiciones habilitantes para generar una economía basada en las energías renovables.


De todos los participantes, sólo uno mostró gran interés en la información presentada, quien posteriormente se convirtió en secretario de energía y, meses después, me invitó a ser parte de su equipo como subsecretaria de energía de Panamá; a quien agradezco la oportunidad y la carta blanca para trabajar una vez más en la política pública, pero esta vez no desde la trinchera ambiental, si no desde el enfoqué energético.


Antes de recibir la invitación, comenzamos a desarrollar junto al equipo de UNEP el documento “La Transición Energética como motor de la recuperación económica ante la COVID-19 en Panamá”, que posicionó a la Agenda de Transición Energética como piedra angular de un enfoque político interministerial para la agenda energética, climática y económica. También lideré la creación del plan de acción de energía solar térmica y el desarrollo de la correspondiente normativa. Asimismo, inicié el proceso de generar el análisis de mercado para la generación solar distribuida, instrumento que ahora utilizan los bancos para crear mecanismos financieros que fomentan la generación solar fotovoltaica a nivel residencial, industrial y comercial. PNUMA fue una escuela de colaboración multilateral con gobiernos, organizaciones internacionales y sector privado; experiencia que fue fundamental para mí y que aproveché en la creación de un cambio en la forma en que se construye política pública en Panamá.


Ser la primera mujer tomadora de decisiones en el sector energético, primero como subsecretaría y luego como secretaría de energía, fue un proceso interesante, lleno de desafíos, que se superaron en gran medida gracias a la sororidad, donde las activas redes de mujeres a nivel nacional, regional y global a las que pertenezco, brindaron a Panamá una valiosa ayuda para impulsar aún más la agenda de transición energética, generando un fructífero debate técnico e incorporando la transversalización de género.


Al aprovechar la experiencia de la sororidad global, comencé a construir espacios para retribuir lo que he recibido durante mi carrera profesional.


El gran desafío durante mi gestión como subsecretaria fue en el proceso de desarrollar una metodología inclusiva para la construcción, aprobación y aplicación de las estrategias nacionales de la agenda de transición energética en Panamá, en el medio de una pandemia, con limitaciones para reuniones y conversatorios presenciales a nivel nacional. Sin embargo, el sector privado, la entidades de la cooperación, sociedad civil y demás entidades públicas mostraron un gran interés en apoyar a la Secretaría Nacional de Energía (SNE) para generar una gobernanza representativa, que permitiese crear confianza en el desarrollo de los nuestros instrumentos de política pública. Lo clave fue construir una trazabilidad para que todo aquel que formó parte del proceso, pudieran identificar que su idea, sugerencia, y necesidad estaba plasmada en la política, ya sea la Estrategia de Acceso Universal a la Energía, Estrategia Nacional de Generación Distribuida, Estrategia Nacional de Eficiencia Energética, Estrategia Nacional de innovación del Sistema Nacional Interconectado, Estrategia Nacional de Generación Distribuida, entre otros.


Como exservidora publica, me alegra el alto involucramiento de todas las personas y entidades que participaron. Me llevo como lección que, para gestionar el proceso de transformación hacia la sostenibilidad, a parte de un alto nivel de compromiso, hay que trabajar con gratitud hacia quienes invirtieron más de 16.500 horas-persona en diseñar junto con la SNE caminos para cumplir con el Objetivo de Desarrollo Sostenible Número 7 en Panamá.






Como secretaria de energía, el mayor desafío que tuve fue la carrera contra el tiempo: siete meses de gestión en el medio de una contienda electoral que debilitó la relevancia de las acciones de política pública nuevas que se estaban llevando a cabo desde la SNE, que no permitió avanzar en la presentación de la propuesta de ley para la transición energética.


Me llevo como enseñanza que, si se busca llevar un proyecto de modificación de una ley que impacta un sector con un valor de más de 6.000 millones de dólares, hay que realizarlo en el primer año de gestión. Aprendí que, aunque el sector de energía es sumamente masculinizado, el proceso de desarrollo de la construcción de la Hoja de Ruta “Nexo Mujer y Energía” contó con amplia participación de actores clave. En Panamá, hombres y mujeres están dispuestos a construir un sector en igualdad. 


Además, esta experiencia me dejó como lección que, en general, las personas están acostumbradas a un liderazgo convencional. Ser mujer, sin canas, de un color diferente, requirió una dedicación importante de tiempo para generar credibilidad y construir confianza, demostrando que JUNTOS, todos los representantes dentro y fuera del sector, podíamos generar acciones beneficiosas tanto para el panameño de a pie, como para los grandes empresarios.


Son muchas las contribuciones que considero importantes, sin embargo, destaco y recuerdo con mucho cariño, el desarrollo de la Estrategia Nacional de Generación Distribuida. Esta fue la primera estrategia nacional para el sector energético que empecé a desarrollar cuando llegué a trabajar en la SNE, con el apoyo técnico del Banco Interamericano de Desarrollo. No obstante, en el proceso de co-creación inicial, nos tomó un tiempo definir el alcance de la política para que abordara contundentemente las acciones que requería Panamá, desde el sector público, para detonar aceleradamente un mercado con un valor de 2.000 millones de dólares en el corto plazo. Hoy, alrededor de 30 MW instalados inicialmente, en Generación Distribuida en el país, se ha pasado a más de 200MW, y que de cumplirse a cabalidad las acciones descritas en la estrategia, Panamá podrá ver un crecimiento exponencial en los próximos dos años.


Otra de las estrategias que recuerdo con satisfacción, por lo diferente que fue crearla es la Estrategia de Comunicación para la Transición Energética. Cuando vivimos procesos de transformación del sector energético, a veces se deja de lado la importancia de que la sociedad en general cuente con información, clara, no técnica, oportuna y en un lenguaje que represente su entorno cultural. Esto es esencial para que, al momento en que las familias, emprendedores y empresarios decidan adquirir  tecnología energética sostenible –como los sistemas solares térmicos o fotovoltaicos–, o cuando decidan construir sus casas o comprar un vehículo, puedan hacerlo con información de las oportunidades que ofrece Panamá y de lo que puede representar al ciudadano ser parte de la transición energética.


Por ejemplo, que los dueños de salones de belleza sepan que pueden adquirir aires acondicionados eficientes que les permitan reducir su factura eléctrica hasta en un 70%, impacta la vida de las personas que, con su esfuerzo, construyen este país. Para mí, esta estrategia es parte clave en el proceso de democratización de la energía sostenible.


Cabe resaltar que, como ingeniera, realicé un diplomado en comunicación y marketing para poder llevar a cabo este documento.


Una de las anécdotas que recuerdo con mayor cariño durante mi experiencia profesional fue el diseñar e implementar el Programa de Capacitación en Energía Solar Fotovoltaica Para las Mujeres de la Comarca Ngäbe-Buglé, el cual cambió mi vida por completo. Poder presenciar y acompañar de cerca la transformación mental y el notable crecimiento de capacidades de 85 mujeres rurales fue profundamente reconfortante. Sobre todo, ver cómo ellas mismas podían narrar su propia historia de fortaleza mientras se convertían en referentes y ejemplos vivos para sus comunidades.


Tras una de las capacitaciones, quedé especialmente impresionada por el talento y la claridad de una de las participantes, Lilibeth Jiménez, a quien invité a compartir su historia de superación en un evento sobre cambio climático en Foz do Iguaçu, en Brasil.


Durante ese viaje, ella me habló de los logros alcanzados con el programa Campeonas Solares y me compartió una reflexión que transformó por completo mi forma de entender la transición energética. Me dijo: “Al programa le faltó brindar apoyo psicológico para gestionar el impacto cultural que supone tener acceso a la electricidad y convertirse en mujeres que generan ingresos en la comunidad”.


Sus palabras me hicieron comprender con claridad que la transición energética trasciende va más allá de lo tecnológico, lo económico y lo productivo. Como hacedoras de política pública, no solo tenemos la oportunidad de impulsar desarrollo: también intervenimos —a veces de manera profunda— en las dinámicas culturales de nuestros pueblos. Este es un aspecto que merece un estudio mucho más amplio y cuidadoso.


Nuestras sociedades requieren profundizar su compresión sobre la igualdad de género, ya que esta, además de ser un derecho humano fundamental, es esencial para lograr sociedades pacíficas, desarrollar plenamente el potencial humano y alcanzar el desarrollo sostenible.


Por ello, invitó a las jóvenes de hoy a ampliar su red de colaboración no solo entre mujeres, sino con una diversidad amplia de actores, independientemente de su género. Recordando siempre que el talento no tiene etnia, no tiene rostro, no tiene género.


La igualdad de género no es un asunto exclusivo de las mujeres; es un imperativo del desarrollo global.


Como legado, aspiro a seguir contribuyendo para que la economía de mi país, de Latinoamérica y del mundo entero se sustente en energías renovables. Sueño con un nuevo statu quo global en el que más del 80% de la energía que consumimos provenga de fuentes capaces de regenerarse sin dañar los recursos naturales. Pero, sobre todo, sueño con un mundo donde las personas puedan respirar con la certeza de un aire limpio y sano.


Continuaré construyendo puentes entre gobiernos, sector privado, organizaciones de cooperación internacional, comunidades y talentos diversos. Seguiré trabajando con determinación para que las juventudes tengan más oportunidades de las que yo tuve, y para que las mujeres —de todas las etnias y edades— encuentren, si así lo desean, en el sector energético y ambiental un espacio pleno para desarrollar sus habilidades profesionales. Todo ello mientras seguimos limpiando y cuidando juntos nuestra casa común.



Nota: La historia es escrita por su protagonista.




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